Una noche más con Dancing Mood
Pasadas las 2:15 de la madrugada, el público clandestino, ahora con casa propia para recitales masivos, entendió que las dos horas y monedas de previa con DJ, banda soporte, charlas, puchos y cervezas eran más que suficientes, y que era un buen momento para que empezara la función principal. Últimos arreglos en el escenario, lista de temas y botellitas de agua, todo en su lugar. Todo listo entonces para que 2:20 Hugo Lobo y Dancing Mood dieran comienzo a su, a esta altura, ya conocido repertorio.
Abriendo con Dandimite, lo que fue la única apuesta a lo nuevo no tan nuevo de la noche, los señores de los vientos dijeron buenas noches. El sonido, sin embargo, no salió con la misma simpatía al escenario y, por momentos, se mostró encaprichado en hacer sufrir a sus intérpretes. Acople más, acople menos, el público no pareció incomodarse y, de a poco, la fiesta fue tomando color y temperatura. Tras la pregunta de quien no vino a bailar una cumbiancha alguna vez? (Haciendo referencia al ex templo de la cumbia que supo ser el ahora Groove), Take Five invitó a los espectadores a ponerse de pie y pasar, de unos tibios pasitos en el lugar a un caluroso pogo friendly.
Ante un Groove casi lleno, Rubén Mederson, más conocido como el petiso del saxo alto, aprovechó para divertir, simpatía y carisma de por medio, al público con el famoso show de sonidos chillones que se tornaron, por momentos, ensordecedores pero que, los pibes de Dancing (con bandera incluída), festejaron sin parar.
Antes del receso para tomar aire, ir al baño e intentar comprar una cerveza y desistir en el camino por la cantidad de gente acumulada en la única barra disponible para 1685 personas, Hugo Lobo llama a la primera invitada de la noche. Podría escribir ahora una adivinanza para jugar con los lectores, pero cuando la respuesta ya es conocida, el juego pierde gracia; por lo tanto, dejo la adivinanza para otro momento y confirmo lo que todos están imaginando: Déborah Dixon, con toda su elegancia y su amplia sonrisa, sube al escenario para cantar Exhale y Just don’t wanna be lonely. Impecable como siempre, sólo me queda una duda: por qué después de cantar tres años los mismos temas, Déborah, seguís colocando la letra en el atril?
Cerrando la primera mitad con Latin Goes Ska, la banda alcanza su mejor momento del show. Con un público más que decidido a bailar de forma desenfrenada, solos consistentes, un lindo dúo de trombones, y una buena muestra de percusión, Dancing sella aquí el mejor momento musical de la noche.
Ya por vuelta de las 3:15, y con el aire ahora encendido para alivio del público, los vientos vuelven a sonar de la mano de Scrapple from the Apple, A night in Tunisia y Skafrica. Segundo stop de la noche: Hugo presenta a Maikel de Kapanga, invitado para tocar Confucious, y anuncia un próximo show en el Gran Rex junto al trombonista Rico Rodriguez. (show para no perderse)
Promediando las 4 de la madrugada, Police Woman va despidiendo la noche de forma agitada entre la masa de abajo que salta sin parar. Es la hora de solos largos, esos que hay que saber cómo llevar, y de repente una ráfaga de nostalgia nos hace recordar a quien algo sabía de cómo llevarlos, un tal de Sergio Colombo…
Cierre a pura fiesta con la del trencito, pero sin trencito. Y hubiese jurado que apenas sonaron los primeros acordes algún ser mortal iba a auto-denominarse locomotora, e iba a salir corriendo, abriéndose paso entre la multitud.
Sin embargo nada de eso sucedió. Tal vez las viejas locomotoras ya se cansaron de correr, después de 3 años, sin rumbos nuevos por conocer.
Resumen de resumen: Un show ameno, una propuesta que nunca falla cuando el objetivo es divertirse. Para los que buscan un poco más, un show repetido por demás que ya no consigue sorprender, ni en repertorio ni en actuaciones individuales.
Por: Mercedes de la Sola
Fotos: Ana Padilla








fuera de joda
2010-05-02 02:24:38